La carta de un restaurante escrita en un idioma que no entiende se convierte ante sus ojos en una carta en español. Un cartel en la estación, el prospecto de un medicamento en el hotel, unas palabras en una farmacia — el móvil hace hoy en el extranjero lo que hace una generación habría exigido una mezcla de diccionario, guía de viaje e intérprete personal. No cuesta nada de más, funciona en prácticamente cualquier idioma europeo y, tras una breve preparación, incluso sin conexión a internet.

Este artículo repasa con calma lo que las aplicaciones de traducción pueden hacer hoy y en qué se diferencia cada herramienta. Desde la foto de una carta hasta una conversación en vivo en la recepción de un hotel.

Tres aplicaciones, tres puntos fuertes

Hay básicamente tres aplicaciones de traducción que se han ganado su sitio en el día a día, cada una con una virtud propia.

Google Traductor es la más completa. En los móviles Android suele venir ya instalada; en el iPhone se descarga gratis desde la App Store. Maneja más de 130 idiomas, fotografía textos, interpreta conversaciones en vivo y funciona por completo sin conexión una vez preparada. Quien solo quiera llevar una aplicación de viaje, va bien servido con esta.

Traducir de Apple es la opción sencilla para quien tiene iPhone. Viene instalada en todos los iPhone y maneja alrededor de veinte idiomas con buena calidad. El manejo es algo más reducido, pero está muy integrada con la cámara del iPhone: en muchos modelos, el texto se reconoce y se traduce directamente en el modo de foto normal.

DeepL es la mejor elección para textos largos: correos electrónicos, contratos, artículos. Suena más natural y acertada que Google, sobre todo entre el español y los grandes idiomas europeos. No tiene función de foto ni de conversación en vivo; para eso viene mejor Google. Es gratuita en su versión básica.

Para un viaje suele bastar con una combinación: Google Traductor para el día a día (la carta, los carteles, una charla breve) y DeepL para lo más largo (un correo a la propietaria del apartamento, un contrato de alquiler). Las dos gratuitas, las dos juntas en el mismo móvil.

Cartas y carteles, sin diccionario

La función más llamativa en la práctica es la traducción con la cámara. Usted sostiene el móvil delante de un texto en otro idioma y la aplicación muestra la traducción al español directamente sobre la imagen, como si el texto se hubiera vuelto a escribir. La carta de un restaurante italiano se convierte ante sus ojos en una carta en español. Un cartel de aviso en francés se entiende de golpe. La etiqueta griega de una lata revela lo que hay realmente dentro.

En la práctica, esto cambia varias situaciones del viaje.

  • En el restaurante: ve si ese primer plato de nombre desconocido lleva berenjena, anchoa o casquería antes de pedirlo, sin tener que pedirle al camarero que se lo traduzca.
  • En la estación o el aeropuerto: paneles de información, avisos de retraso, cambios de vía o de puerta — todo legible en segundos.
  • En el supermercado: comprobar los ingredientes de un envase, sobre todo si hay alergias o una dieta concreta.
  • En la farmacia o en la consulta: entender un prospecto o una nota sin tener que preguntar.
  • En el hotel o el apartamento: las instrucciones de la lavadora, de la calefacción o de la cafetera.

Esta función está en Google dentro de su propia aplicación y en Apple directamente en la cámara de muchos iPhone: basta un pequeño botón junto a la imagen y aparece la traducción.

Dejar que interprete una conversación en vivo

Más difícil que leer un cartel es mantener una conversación. También aquí se ha avanzado mucho en los últimos años. Google Traductor tiene una función con la que dos personas pueden hablarle al móvil por turnos: la aplicación traduce en ambos sentidos y devuelve la respuesta en voz o la muestra en la pantalla.

Para situaciones corrientes funciona con soltura: preguntar por una dirección, pedir que le expliquen un plato, hablar con la recepción del hotel, comentar una receta en la farmacia. No está pensada para una sobremesa de tres horas, pero para los pequeños encuentros del viaje resulta sorprendentemente buena.

En restaurantes y hoteles a menudo compensa otra variante: escribe una frase en español, deja que se traduzca al idioma del país y le enseña la pantalla a la otra persona. Es más lento que hablar, pero más claro — sin traspiés y sin problemas de entenderse entre el ruido.

En entornos tranquilos la traducción de voz funciona bastante mejor. Para una conversación importante conviene buscar un rincón sin ruido. En un mercado bullicioso o en una estación concurrida, el reconocimiento es más flojo.

Funcionar sin conexión, cuando internet sale caro

En el extranjero, internet en el móvil resulta a veces más caro o más débil que en casa. Las dos grandes aplicaciones tienen para eso una función sin conexión: los idiomas se descargan una vez antes del viaje y, a partir de ahí, la traducción funciona por completo sin internet.

No es un detalle técnico, sino una diferencia real en la práctica. Quien haya guardado en el móvil el italiano, el francés, el inglés o el griego aprovechando el wifi del hotel antes de salir, no depende de si la red móvil funciona o no. La traducción por foto, el reconocimiento de voz, escribir en el cuadro de texto — todo se ejecuta directamente en el aparato.

Los paquetes de idioma ocupan, según el idioma, entre 30 y 100 megabytes. En un móvil moderno eso apenas se nota.

Textos largos: cuando entra DeepL

Algunas tareas van más allá de las aplicaciones de viaje. Redactar un correo en el idioma del país a la propietaria de un apartamento. Leer un artículo de un periódico que le interesa especialmente. Entender un contrato de alquiler antes de firmarlo. Aquí DeepL es superior.

DeepL entrega traducciones que casi siempre suenan como si las hubiera escrito una persona: con fluidez, con el tono adecuado, con la formalidad justa. Quien quiera escribir a una pensión italiana, en italiano, que desea alargar la reserva un día, recibe una carta que resulta cortés, clara y natural, y no huele a traductor automático.

La aplicación y la web (deepl.com) son gratuitas en su versión básica. Para un uso ocasional, sobra con eso.

Preguntas frecuentes

¿Qué aplicación conviene para un viaje a Italia, Francia o Portugal? Google Traductor para el uso diario (la carta, los carteles, conversaciones breves) y DeepL como complemento para lo más largo, como un correo a la propietaria. Antes de salir, deje las dos preparadas con el idioma correspondiente para poder usarlas sin conexión.

¿Hasta qué punto son buenas las traducciones de verdad? Con los grandes idiomas europeos (inglés, francés, italiano, alemán, neerlandés, portugués) hoy son muy buenas. Con idiomas menores (esloveno, maltés, lituano) bastan para entenderse en el día a día, aunque a veces resulten algo torpes. Con idiomas poco frecuentes quedan lagunas apreciables.

¿La traducción por foto funciona también con letra a mano? La letra impresa se reconoce bien, y la letra a mano clara casi siempre también. La caligrafía muy adornada o muy borrosa la reconoce con menos fiabilidad. Un consejo: haga la foto con buena luz y recta desde arriba, así el programa tiene las mejores opciones.

¿Qué, si la traducción se equivoca en un punto importante? Para lo realmente importante — una indicación médica, una cláusula de un contrato, un documento de viaje — conviene comprobarlo con una segunda aplicación o, si es posible allí mismo, con alguien que conozca el idioma. Para entenderse en el día a día las aplicaciones actuales son de fiar, pero en detalles delicados una breve confirmación humana es sensata.


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