Encender una lámpara con la voz, una cafetera que se pone en marcha sola por la mañana, echar un vistazo al móvil para ver quién está en la puerta — la casa conectada ha dejado de ser cosa de aficionados a la técnica. Los aparatos sueltos cuestan por lo general entre 15 y 60 euros, están listos en diez minutos y funcionan con el mismo móvil que usted ya tiene. Lo que hace diez años sonaba a futuro es hoy una comodidad tan normal como un hervidor de agua que se apaga solo.
Este artículo explica lo que la casa conectada ofrece de verdad en el día a día — y lo que no es. Ningún hogar necesita conectarlo todo. Pero tres o cuatro pequeños ayudantes pueden aliviar la vida cotidiana de forma notable, sin que nadie tenga que pelearse con la tecnología.
La luz desde el móvil o con la voz
El uso más habitual y sencillo de la casa conectada es encender y apagar la luz sin tocar el interruptor. En lugar de levantarse, dice una palabra. En lugar de ir hasta la lámpara de pie, toca una vez la pantalla del móvil. La primera vez parece un pequeño truco; al tercer día ya es lo más natural del mundo.
Hay dos caminos para conseguirlo. Un enchufe inteligente se coloca entre la pared y la lámpara; la luz se enciende y se apaga en cuanto el enchufe deja pasar la corriente. Una bombilla inteligente se enrosca directamente en el portalámparas; además, se puede regular la intensidad y cambiar el tono de la luz — cálida por la noche, más blanca para leer.
Cuál le conviene depende de lo que quiera. Si solo desea encender y apagar la luz a distancia: un enchufe, quince euros, y listo. Si por la noche le apetece atenuar la luz o cambiar el ambiente: bombillas inteligentes, que se encuentran fácilmente en amazon.es a partir de unos ocho o diez euros por unidad.
Tres situaciones que convencen a mucha gente:
- Desde el sillón, apagar la luz del salón sin levantarse.
- En la cama, apagar la lámpara del dormitorio con la voz, en lugar de estirarse otra vez hasta el interruptor.
- La lámpara como despertador suave — la luz se enciende despacio por la mañana, en vez de un despertador que suena.
Aparatos que funcionan solos a su hora
El segundo gran terreno de la casa conectada es la programación por horario. Un enchufe inteligente se puede ajustar para que dé o corte la corriente a horas fijas. Lo que enchufe a él depende de cada hogar.
Los usos más frecuentes: una cafetera que se pone en marcha sola a las 6:55, de modo que al levantarse el café ya está hecho. Una manta eléctrica cuyo enchufe corta la corriente al cabo de dos horas — así, olvidarse de apagarla deja de ser un problema. Un ventilador o el aire acondicionado, que se enciende poco antes de volver a casa, muy práctico en los veranos de aquí. Una luz que se ajusta a la hora del día.
La lógica es siempre la misma: lo que va enchufado a una toma normal y se enciende con un botón se puede automatizar. Lo que lleva su propia electrónica (por ejemplo, un horno moderno con pantalla) no funciona con un enchufe intermedio — este solo da y quita corriente.
Lo que da buen resultado: a la hora de comprar, elija a propósito aparatos con un interruptor mecánico de encendido. Una lámpara de pie antigua con interruptor de palanca, un hervidor sencillo con botón, una cafetera con encendido clásico. Estos aparatos funcionan con enchufes inteligentes de inmediato. Los que tienen espera electrónica o pantalla digital son más difíciles de automatizar, o directamente imposibles.
¿Quién está en la puerta?
Un videoportero con cámara muestra en el móvil, o en una pantalla del salón, quién ha llamado. En clave de comodidad, resuelve una pregunta muy cotidiana: ¿merece la pena levantarse?
En el día a día significa esto: ve al cartero sin ir hasta la puerta. Sabe si es una visita esperada o alguien que viene a vender algo. Si un repartidor trae un paquete, puede hablar por la aplicación a través del portero — «Déjelo en la portería, por favor» — sin necesidad de abrir. Quien está en otra habitación o en la terraza puede ver en una pantalla fija quién llama al otro lado de la casa.
En el mercado se han asentado varios modelos. Los de Ring, que pertenece a Amazon, son de los más vendidos — instalación sencilla y aplicación cómoda, a partir de unos setenta euros. Las grabaciones se guardan en internet; para poder consultarlas más tarde hace falta una cuota mensual de unos pocos euros. Eufy es la alternativa para quien prefiere guardar las grabaciones en casa: una pequeña base local se encarga de almacenarlas y no hace falta cuota. Sale algo más caro al principio (a partir de unos 150 euros), pero a la larga es más barato y más respetuoso con la privacidad.
Lo que un videoportero con cámara no sustituye: No abre una puerta cerrada si se ha dejado las llaves dentro. Una cerradura segura sigue siendo lo que es. Es una herramienta de comodidad en un sitio donde ya había un timbre — no un sistema de seguridad. Quien quiera más, mejor hable con un cerrajero o con su compañía de seguros que con la tienda de electrónica.
El asistente de voz como pequeño ayudante
En muchos salones hay hoy un pequeño altavoz que escucha: un Amazon Echo con Alexa, un Apple HomePod con Siri o un Google Nest con el Asistente de Google. Cuestan entre treinta y cien euros y responden a su nombre — «Alexa», «Siri», «Oye Google».
Lo que saben hacer va mucho más allá de manejar la casa conectada. Dar el tiempo, poner un despertador, leer las noticias, poner música, convertir unidades, traducir una frase, recordar una cita. En la práctica, el altavoz acaba siendo más un ayudante para todo que un mando a distancia. Quien está en la cocina con las manos ocupadas, simplemente pregunta — «¿Cuántos gramos son dos tazas de harina?», «¿A qué hora abre la farmacia mañana?».
Los tres aparatos se diferencian solo en detalles. El Echo es el más económico y el que mejor se lleva con todo tipo de dispositivos conectados. El HomePod tiene el mejor sonido y encaja de forma natural con el iPhone y el iPad. El Nest queda en medio de precio y responde a las preguntas de conocimiento con algo más de acierto.
Para empezar, lo más práctico es elegir el altavoz que va con su móvil: quien tiene iPhone toma el HomePod; los demás, el Amazon Echo. Así se ahorra trabajo al configurarlo.
Por dónde vale la pena empezar
La casa conectada no es todo o nada. La mayoría de los hogares ya gana comodidad con tres pequeñas compras:
Un enchufe inteligente — la recomendación más sencilla del mundo. Unos doce euros. Funciona con los tres grandes asistentes de voz y es la opción más cómoda para empezar. Uno en la lámpara de pie, otro en la cafetera — y listo.
Un asistente de voz — cuando note que enciende el enchufe con el móvil a menudo y le gustaría poder hacerlo solo con la voz.
Un videoportero con cámara — cuando tenga la sensación de que se recorre media casa cada vez que llaman.
En ese orden. Quien empieza demasiado grande suele acabar con aparatos que no usa. Quien empieza pequeño solo amplía cuando el siguiente paso tiene sentido de verdad.
Lo que no compensa por fuerza
Cuatro terrenos en los que la experiencia dice que el beneficio para la mayoría es pequeño.
Nevera o lavadora conectadas. Suenan modernas, cuestan mucho y aportan poco en el día a día. Una lavadora que se arranca desde el móvil rara vez es lo que le faltaba.
Cerradura inteligente. Suena práctica, pero en la práctica falla más y se complica con un corte de luz. Una buena cerradura de siempre suele ser la opción más fiable.
Termostatos inteligentes de climatización — útiles en casas grandes con distintas necesidades por habitación; en pisos pequeños, muchas veces un lujo. Quien ya tiene un control central gana poco.
Conectar la casa entera de golpe. Quien intenta enlazar desde el principio todas las luces, la climatización, las persianas y los aparatos se monta una complejidad que luego hay que mantener. Empezar pequeño y ampliar poco a poco.
Regla sencilla: los ayudantes de la casa conectada valen la pena cuando facilitan de forma notable una tarea que usted ya hace a menudo. No valen la pena cuando resuelven un problema que en realidad no tiene.
Preguntas frecuentes
¿Necesito un móvil concreto para la casa conectada? No. Cualquier iPhone o cualquier móvil Android de los últimos cinco años sirve. La aplicación del fabricante se instala gratis, y eso es todo. Tampoco hace falta un ordenador nuevo.
¿Funciona la casa conectada sin WiFi? La mayoría de los aparatos necesita WiFi, sí. Quien no tiene WiFi o no lo quiere estará mejor con un enchufe programador clásico de ferretería — cuesta cinco o diez euros y solo necesita una toma de corriente.
¿Qué pasa si se cae internet? En cortes breves los aparatos apenas lo notan; se comunican por el WiFi de casa, que funciona también sin internet. En cortes largos dejan de responder la aplicación y la voz — pero casi todo se puede seguir encendiendo a mano (el botón del enchufe, el interruptor de la lámpara).
¿Y la privacidad? Los asistentes de voz escuchan de fondo por si suena la palabra de activación. Usted puede consultar qué grabaciones se han guardado, borrarlas o desactivar el guardado. En los videoporteros con cámara conviene preferir el almacenamiento local (como Eufy) al que envía todo a internet — así las grabaciones no salen de casa. Y la medida más importante para todo esto es una buena contraseña en el router.
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